De cómo los saris son seña de identidad

Con un metro de ancho y seis de largo, el sari ha logrado asociar su imagen a la idea que muchos tenemos en mente cuando pensamos en el subcontinente indio. Y es que desde que apareciera hace cinco mil años (se dice pronto), no hay mujer en la India que no cuente con uno o varios saris en su armario.

Mientras el público masculino se ha visto influenciado en mayor medida por la ropa occidental, las mujeres siguen cediendo su protagonismo a este trozo de tela convertido en seña de identidad. Para comprobarlo basta con salir a la calle de cualquier ciudad o zona rural de la India y percatarse, además, de que los saris no entienden de distinciones de clase social.

Para quienes estamos habituados a que la comodidad defina gran parte de nuestros estilismos, llama la atención imaginar cómo miles de mujeres indias afrontan sus quehaceres y compromisos diarios envueltas en un sari. Esta reflexión se complica al conocer las más de ochenta maneras que existen de ponerse un sari, ya sea de algodón o de seda, en función de la casta y región de pertenencia.

Si bien solemos referirnos a los saris como sinónimo de todo el conjunto en sí, en realidad se componen de otras dos partes: una blusa llamada “choli”, ajustada y dejando el vientre al descubierto y una falda o enagua conocida como “petikot”, que permite una mayor sujeción de los pliegues del sari y evita que éste se transparente.

Ver la destreza con la que las mujeres se enfundan en un sari es toda una lección de estilo. El ritual empieza colocando el borde del sari dentro de la cintura de la enagua. Tras este primer paso, se forman varios pliegues de unos cinco centímetros de ancho delante del ombligo. A continuación, mientras la parte superior de los pliegues queda sujeta por el petikot, el extremo opuesto se utiliza para cruzarlo por delante del torso, desde el lado derecho de la cadera hacia el hombro izquierdo. El trozo que queda suelto recibe el nombre de “pallu” o “pallay” y aunque puede quedar colgado, lo habitual es que se utilice para cubrir la cabeza.

Por supuesto, dominar el arte de ponerse un sari requiere de mucha práctica y algo de paciencia pues como apunta un dicho popular: “Nunca una mujer occidental podrá vestir el sari con la elegancia propia de la indias”. ¿Te atreves a intentarlo?

Imágenes: Elise Hanna, Steven Goethals, Elise Hanna, Pinterest, Elise Hanna, Elise Hanna, Elise Hanna, Pinterest y Elise Hanna.

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Sobre el autor

Periodista y amante de la decoración, el interiorismo y los viajes, siempre en busca de ideas e inspiración. Especializada en marketing y comunicación, desde hace un tiempo me encontrarás en el Dpto. de Comunicación de Secretos de India.

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